

UN ORIGEN MARCADO POR LA NECESIDAD Y LA MISIÓN
La Iglesia de Dios Pentecostal, Movimiento Internacional, nació como resultado directo del trabajo evangelístico y misionero de un joven puertorriqueño que, junto a su familia, salió de nuestra tierra en busca de mejores condiciones económicas en la isla de Hawái.
Para aquel entonces, nuestro país, Puerto Rico, atravesaba una profunda crisis económica, social y de salubridad, acompañada de un alto nivel de analfabetismo. A esto se sumaba un sistema religioso que, en muchos casos, se encontraba distante de la verdadera necesidad espiritual del pueblo. Incluso, muchos no entendían lo que sus líderes religiosos comunicaban desde los púlpitos en las grandes catedrales de los centros urbanos, pues hablaban en un idioma que el pueblo común no comprendía.
A esta realidad se añadía el cambio de soberanía. Luego de más de cuatrocientos años de dominio español, Puerto Rico entraba en una nueva etapa bajo el dominio estadounidense, con nuevas estructuras políticas, sociales y culturales.
En ese contexto histórico, el mensaje pentecostal comenzó a penetrar con fuerza por todos los rincones de nuestra tierra. Al llegar Pentecostés y comenzar a expandirse este mover espiritual, surgió la necesidad de organizar aquel naciente movimiento. Debido a la situación política del momento, hubo términos que no fueron aceptados o fueron mal interpretados por la cúpula gubernamental. Esto llevó a que, finalmente, en febrero de 1922, se incorporara oficialmente ante el gobierno este naciente movimiento eclesiástico con el nombre de Iglesia de Dios Pentecostal, Inc.
UNA FE QUE PERMANECE FIRME
Hoy, en el año 2026, reafirmamos con convicción que seguimos creyendo y predicando las cuatro doctrinas fundamentales del pentecostalismo: Cristo salva, Cristo sana, Cristo bautiza con el Espíritu Santo y Cristo regresa otra vez.

Seguimos proclamando, además, que nuestra verdadera ciudadanía es la celestial.
Como iglesia, representamos al Cordero, el Cordero inmolado, que constituye nuestra verdadera herencia espiritual. Nuestro escudo presenta al Cordero sobre la Biblia, el libro sagrado que proclama la verdad eterna del evangelio. No nos representan los ídolos modernos ni las corrientes culturales que pretenden diluir los valores que por generaciones han sostenido la fe cristiana.
El uso indebido de nuestros símbolos patrios para promover mensajes que denigran la dignidad de la mujer o que presentan contenidos de carácter sexual resulta vergonzoso y no debe ser celebrado. Nuestra tierra y sus símbolos poseen un significado profundo que está ligado a valores morales y espirituales que debemos preservar.
Más preocupante aún es cuando aquellos llamados a ser guías espirituales repiten errores del pasado: alejados del pueblo común, comunicándose en un lenguaje que muchos no comprenden y justificando tales expresiones bajo el pretexto de promoción cultural o beneficios económicos.
Ante esta realidad, es necesario un nuevo despertar espiritual, donde las mesas de los cambistas sean derribadas y vuelva a proclamarse con claridad el verdadero mensaje de Cristo.
110 AÑOS PROCLAMANDO EL MISMO EVANGELIO
Durante 110 años, nuestra Iglesia ha permanecido firme en su misión. Hemos alcanzado generaciones sin cambiar la esencia del mensaje del evangelio.
Hemos predicado a Cristo en los campos y en las ciudades, en los barrios y en las comunidades, en Puerto Rico y más allá de nuestras fronteras. El fuego de Pentecostés que comenzó a encender corazones hace más de un siglo continúa ardiendo hoy en la vida de hombres y mujeres que siguen proclamando que Jesucristo salva, sana, bautiza con el Espíritu Santo y pronto regresará.
Con gozo y gratitud al Señor celebraremos esta efeméride pentecostal durante nuestra Asamblea Regional los días 18, 19 y 20 de marzo de 2026, y posteriormente el domingo, 14 de junio de 2026, en la gran celebración de Pentecostés.
Hoy miramos hacia atrás con gratitud, reconocemos la fidelidad de Dios en nuestra historia y miramos hacia el futuro con la misma pasión espiritual que ha marcado nuestra identidad.
Porque después de 110 años, seguimos proclamando el mismo mensaje, con la misma convicción y con la misma misión: 110 años de Pentecostés… alcanzando generaciones. “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.” — Hebreos 13:8






