Pentecostés poder que transforma

PENTECOSTÉS: EXPERIENCIA DE TRANSFORMACIÓN
Pentecostés no es simplemente una organización religiosa; es una experiencia espiritual, viva, carismática y transformadora. Pentecostés es movimiento, cambio, transformación y renovación. A través de la historia bíblica y de la historia de la Iglesia, podemos comprobar que donde llega Pentecostés, nada permanece igual.

En la antigüedad, Pentecostés era una de las principales fiestas judías: la fiesta de la cosecha. Se celebraba cincuenta días después de la Pascua y en ella se presentaban al Señor las primicias de los frutos como expresión de gratitud. Pentecostés evocaba abundancia, provisión, milagros y cuidado divino; marcaba el inicio de un tiempo de bendición y esperanza para el pueblo.

En el Nuevo Testamento, precisamente durante esa celebración de la cosecha, cincuenta días después de la Pascua, mientras los discípulos estaban “unánimes juntos” y expectantes ante la promesa divina, ocurrió un “de repente” de Dios: “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;” Hechos 2:2

Ese “de repente” de Dios representa el poder transformador de Pentecostés. Pentecostés no deja las cosas iguales. Habla de nuevos comienzos, de restauración y de esperanza. Cuando todo parecía anunciar caída, Pentecostés habló de levantamiento. Cuando todo apuntaba al final, Pentecostés anunció un nuevo comienzo. Cuando todo hablaba de muerte, Pentecostés proclamó vida. Cuando los paradigmas humanos parecían inamovibles y el “status quo” dominaba el pensamiento, Pentecostés declaró: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.” Apocalipsis 21:5.

PENTECOSTÉS: LLEGÓ A PUERTO RICO
Hace 110 años, nuestra tierra puertorriqueña fue impactada por esa experiencia transformadora. Un joven puertorriqueño, que años antes había emigrado junto a su familia hacia Hawái en busca de mejores condiciones de vida, regresó a la Isla marcado por la experiencia de Pentecostés. Puerto Rico atravesaba entonces tiempos difíciles: pobreza extrema, insalubridad, inestabilidad política, cambio de soberanía y altos niveles de analfabetismo. Todo indicaba que esta tierra del “100 x 35” no ofrecía esperanza para sobrevivir. Sin embargo, aquel joven yaucano respondió al llamado divino y recordó su terruño borincano. Su nombre era Juan León Lugo. Con su llegada, nuestra tierra comenzó a experimentar lo que verdaderamente significa Pentecostés: transformación, vida, esperanza, nuevas oportunidades y salvación en Cristo. El fuego pentecostal no solo tocó corazones; también impactó comunidades enteras y levantó una obra espiritual que ha alcanzado generaciones.

LA RESPUESTA DE LA IGLESIA SIGUE SIENDO PENTECOSTÉS
Hoy, en pleno siglo XXI, la Iglesia enfrenta nuevos retos y desafíos. Cambian los problemas, pero la respuesta continúa siendo la misma: Pentecostés, no como una religión vacía, sino como una experiencia viva y transformadora con el Espíritu Santo. Ayer fueron la pobreza, el analfabetismo y la insalubridad. Hoy enfrentamos el humanismo, la posmodernidad, el hedonismo, la pérdida de
valores y de la fe, la crisis ética, el libertinaje sexual, la exaltación de la depravación moral y el rechazo a los principios bíblicos que por años definieron nuestra identidad cristiana. Vivimos tiempos donde se aplaude la muerte y se rechaza la vida; donde muchos fundamentos espirituales están siendo removidos.

Más triste aún es ver cómo sectores del movimiento evangélico y pentecostal han comenzado a ceder ante estas presiones culturales. Por eso, necesitamos volver al verdadero Pentecostés: al poder transformador del Espíritu Santo y a la centralidad de Cristo. Que Dios nos ayude a mantenernos incólumes hasta Su venida. “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.” Colosenses 1:27 La Iglesia actual necesita reafirmar que la respuesta continúa siendo Cristo y la obra poderosa del Espíritu Santo manifestada en Pentecostés. No existe filosofía humana, corriente ideológica ni sistema social capaz de sustituir el poder transformador de la presencia de Dios.

PENTECOSTÉS Y LA UNIDAD DE LA IGLESIA
Por eso, esta celebración de los 110 años de la llegada de Pentecostés a Puerto Rico representa mucho más que una efeméride histórica. Es una ocasión para recordar nuestras raíces espirituales, afirmar nuestra identidad pentecostal y unirnos como pueblo en adoración y gratitud al Señor. La unidad de la Iglesia es vital para sanar nuestra tierra. Pentecostés también nos habla de unidad. “Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados.” Hechos 2:2 Aquella experiencia ocurrió mientras estaban “todos unánimes juntos”.

La unidad abrió espacio para la manifestación del Espíritu Santo. Hoy más que nunca, la Iglesia necesita caminar unida, afirmada en la verdad y llena del poder de Dios. Pentecostés sigue vigente. Sigue trayendo vida donde hay sequedad, esperanza donde hay desesperanza y transformación donde parece imposible cambiar. Pentecostés, 110 años y continúa alcanzando generaciones.

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