
La música es un elemento vital en el culto que le rendimos a Dios. Es un instrumento de adoración que alegra el corazón de nuestro Señor y mueve el Cielo en favor del verdadero adorador. Tiene un lugar especial frente al trono del Creador y encuentra un fundamento irrefutable en las Sagradas Escrituras. Es el medio poderoso para llevarnos a la presencia de Dios e instrumento eficaz para la evangelización.
Regalo divino que debemos amar, valorar, cuidar y cultivar. Debemos ser cuidadosos al acercarnos al tema considerando la importancia que le da el Todopoderoso Dios. He sido testigo, con tristeza, de debates estériles y potencialmente dañinos relacionados a las preferencias de las distintas generaciones. Está mal demonizar la música cristiana de hoy y hacer la de ayer motivo de burlas y chistes. Ambas acciones signifi can menosprecio a la adoración que el Cielo recibe con alegría. ¡Seamos cuidadosos!

La música de adoración que acapara los altares de hoy es poderosa. Puedo testificar innumerables bendiciones recibidas a través de la misma. Palabra poderosa, mover del Espíritu Santo, testimonios de sanidad y restauración de mi realidad interior. He visto almas correr al altar motivados por una alabanza interpretada por ministros de adoración llenos del Espíritu Santo de Dios. Amo predicar la Palabra acompañado de la música que sana y ministra a las vidas en el altar mientras las alabanzas tocan sus almas.
Los coros de ayer me bendijeron y me siguen bendiciendo. Tienen una capacidad asombrosa de traer alegría al corazón y cambiar cualquier atmósfera. Muchos de ellos son literalmente expresiones bíblicas cantadas. Fueron y siguen siendo útiles para la evangelización. Abordan temas de profundidad bíblica y teológica. Solo la necedad los puede menospreciar y solo un corazón alejado de Dios los puede hacer objeto de burlas.

Cantemos a Dios con alegría. Unámonos todas las generaciones en adoración genuina. Subamos la alabanza al Todopoderoso con sinceridad de corazón. Respetemos y consideremos a todas las edades que participan del culto a Dios.
EL SEÑOR RECIBIRÁ NUESTRA ADORACIÓN Y SE COMPLACERÁ EN BENDECIRNOS.