La mujer pentecostal frente a los desafíos del siglo XXI

UNA CULTURA EN CRISIS
Es evidente que vivimos en un tiempo en que parece que la sociedad está desintegrada. Al escuchar sobre los conflictos internacionales, ver el debilitamiento de la familia, la moralidad resquebrajada, la ausencia de líderes que dirijan las naciones con convicciones profundas en el Evangelio, puede ser que nos preguntemos: ¿Cómo podemos vivir en una cultura cada vez
más antagónica y enferma?

¿Qué podemos hacer cómo mujeres cristianas en la época del desmantelamiento de los valores cristianos, el crecimiento de ideologías nocivas, la sexualización de los niños y la trivialización de la feminidad y maternidad bíblica?

Tal vez al igual que el rey David en el Salmo 11:3 nos preguntamos: “Si fueren destruidos los fundamentos, ¿Qué ha de hacer el justo? Pero como dice 2 Timoteo 2:19, el fundamento de Dios está firme. La verdad triunfará, Cristo ya venció. “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.” 1 Juan 5:4.

Siendo así, la pregunta que nos debemos hacer no es si se pondrán aún más difíciles las cosas, sino más bien cómo podemos vivir y ejercer el ministerio como mujeres creyentes en medio de un mundo que ha perdido su rumbo.


MODELOS DE FE PARA LA NUEVA GENERACIÓN
En primer lugar, cabe destacar que como mujeres de Dios debemos ser modelos dignos de ser imitados. La segunda carta de Pablo a Timoteo, menciona la fidelidad de Loida y Eunice, abuela y madre de Timoteo. Estas mujeres lo criaron con una fe tan devota y ferviente que Pablo escribe: “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” 2 Timoteo 1:5.

Loida y Eunice son ejemplos de la poderosa influencia que una madre o abuela pueden tener. El apóstol Pablo le dice: “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”. 2 Timoteo 3:14-15

Nuestras vidas deben motivar a otros a vivir mejor, a emularnos. Que conozcan como nos enfrentamos al sufrimiento, cómo mantenemos nuestra mirada en Dios aun en medio de la adversidad. Que enseñemos a las mujeres más jóvenes como dice Tito: “…a amar a sus maridos y a sus hijos, ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. Tito 2:4–5 Que nuestra manera de vivir diga a las nuevas generaciones y al mundo: no tienes que ser como la mayoría; más bien sigue el ejemplo de Cristo.

En un mundo en que el concepto de seguidores ha sido distorsionado por las redes sociales, el pedir que sigan nuestro ejemplo implica que estamos dispuestas no a que nos miren a la distancia ni superficialmente, sino más bien a que se acerquen para que vean en nosotras las marcas del Evangelio. Que, como Pablo menciona en Gálatas podamos decir: “De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús”. Gálatas 6:17. Por tanto, si deseamos ser ejemplos dignos de seguir debemos decir: “sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” 1 Corintios 11:1. Se trata de un llamado a la madurez espiritual, que refleje el carácter de Cristo.


EL EJEMPLO CRISTIANO EN MEDIO DE LA ADVERSIDAD
En segundo lugar, nos corresponde vivir con un compromiso profundo con el Evangelio. Nuestro llamado es a representar a Cristo como luz en medio de una sociedad en densa oscuridad y con vientos fuertes que parecen indomables.Para esto, debemos estar “arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe,” Colosenses 2:7.

La Palabra de Dios y sus promesas deben ser la segura y firme ancla del alma, como dice Hebreos 6:19, aun en medio de una sociedad que declara obsoleta y ridiculiza las verdades bíblicas.

Por esto, debemos adherirnos a ellas y vivir por ellas. Al hacerlo podremos identificar las ideologías que se pretende que aceptemos y promovamos, las que, aunque se presenten como ideas progresistas, son arcaicas y peligrosas. Son la misma rebelión antigua contra el diseño de Dios, solo que con nombres modernos. Es aquella voz que le dijo a Eva en el Edén: ¿Conque Dios os ha dicho?… Génesis 3:1. Asumamos la postura de Débora y levantémonos como profetisas y juezas, actuando como una madre protectora en una época de opresión. No creyendo las mentiras que promueve el feminismo de la tercera ola, ni las afirmaciones del movimiento trans sobre la variedad de opciones de género. Sino afirmando lo que la Biblia enseña: el hombre y la mujer son iguales en valor, aunque diferentes en funciones. Que tanto el hombre como la mujer son complementarios y deben criar a sus hijos juntos en el temor del Señor.


UN LLAMADO A VIVIR CON VALENTÍA
Por último, debemos orar por un avivamiento del Espíritu Santo. ¿Nos conformaremos con las lecturas de los grandes avivamientos del pasado? ¿Nos emocionaremos por lo que otros vivieron y nos contaron? La respuesta debe ser no. Necesitamos la presencia de Dios; deseamos experimentarlo, orar con fe sabiendo que Dios lo ha prometido y lo hará. Como dice el profeta Isaías: “Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas”. Isaías 54:1–3

La única manera en que la mujer pentecostal podrá hacer frente a los desafíos del siglo XXI, es siendo llena del Espíritu de Dios. Es clamando como David: “No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu.” Salmo 51:11. Necesitamos Su presencia para enfrentar los desafíos, con la gallardía que solo Su Santo Espíritu puede dar. Ese mismo poder que levantó a Pedro para declarar: “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Hechos 2:39 La fortaleza que dio Dios a los primeros creyentes para pedir confianza y valor en medio de la persecución es la misma que necesitamos hoy.

Necesitamos Su poder, el mismo que abrió de noche las puertas de la cárcel donde estaban los
apóstoles. Es Su poder el que necesitamos hoy, el poder del Espíritu Santo, descrito en Romanos como Poder de Dios, porque solo con Él, podremos vencer. En conclusión, el desafío del siglo XXI no debe intimidarnos. Aunque los fundamentos del mundo tambaleen, el Reino de Dios es inconmovible. ¡Mujer pentecostal, levántate confiada! “las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” 2 Corintios 10:4-5.

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