Formando generaciones con su Palabra

LA RESPONSABILIDAD DE FORMAR GENERACIONES EN LA PALABRA
Formar generaciones mediante la Palabra de Dios representa una responsabilidad fundamental que entrelaza la transmisión intergeneracional con el carácter divino. Desde el Antiguo Testamento podemos observar que Dios ha confiado a la familia el rol de formar e influir sobre las nuevas generaciones, transmitiendo su Palabra de boca en boca a través del tiempo.
No existe un lugar más poderoso para formar a un niño —tanto para bien como para mal— que el núcleo familiar. En ese espacio se encuentra la capacidad de influir en generaciones futuras, constituyendo uno de los regalos más maravillosos que Dios ha otorgado al ser humano para que sea ejercido con responsabilidad. Por ello el autor bíblico declara:
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” Deuteronomio 6:6–7

LA CONTINUIDAD GENERACIONAL DE LA IGLESIA
Este principio ha sido un factor determinante durante 110 años de generaciones pentecostales. La instrucción desde edades tempranas ha permitido que, con el paso de los años, nuestra iglesia mantenga una sucesión generacional. Por esta razón no podemos perder este sentido de pertenencia ni nuestra herencia histórica, que nos impulsa a seguir transmitiendo a las nuevas generaciones lo que Dios ha hecho en el pasado para garantizar su presencia en el futuro de nuestra iglesia.
“La Palabra escrita ha permitido que el mensaje divino se transmita a través del tiempo, siendo proclamado y escuchado de generación en generación.”

Este no ha sido solo un proceso informativo; se trata de un mensaje comunicado cara a cara, desde quien habla hacia los oídos y los corazones de quienes escuchan, con el propósito de generar fe en la salvación y esperanza en Dios.

Este ha sido otro factor que ha garantizado la continuidad generacional de nuestra iglesia.
En nuestros comienzos surgimos con ese gran ímpetu de compartir con otros el mensaje de la Palabra. Hoy no podemos conformarnos con esperar que las nuevas generaciones lleguen; debemos cultivar un sentido de urgencia que nos mantenga en constante interacción y comunicación con ellas, para así compartir el mensaje divino que una vez nos fue confiado.

LA FIDELIDAD DE DIOS DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN
Tanto el compartir dentro del núcleo familiar la Palabra de Dios como transmitirla al oído de cada persona ha sido posible por la fidelidad divina. La fidelidad de Dios continúa obrando de generación en generación, sin que haya existido época alguna en la que Dios haya sido infiel a su carácter, a su Palabra, a sus promesas o a su pueblo.

Esta realidad ofrece un fundamento sólido para la formación intergeneracional. A 110 años podemos afirmar que la iglesia no es sostenida por habilidades humanas ni por capacidades de liderazgo, sino por la inmensa fidelidad de Dios. Sin embargo, su fidelidad no nos exime de nuestra responsabilidad; por el contrario, la certeza de su fidelidad debe impulsarnos a continuar la labor para que tengamos una iglesia fuerte y robusta hasta que Cristo venga.
Por ello, las palabras del salmista siguen resonando en nuestras vidas: “No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, su potencia y las maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos; para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios, y guarden sus mandamientos.” Salmo 78:4–7

Leave a Reply

Discover more from El Evangelista Pentecostal

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading