
Esta edición de El Evangelista Pentecostal nos recuerda que la fe no es evasión, sino presencia; no es silencio ante el sufrimiento, sino acompañamiento compasivo.
La Iglesia está llamada a ser refugio, familia y voz de esperanza para quienes atraviesan momentos de crisis, afirmando con acciones que la vida es un don sagrado.
Hoy más que nunca proclamamos que hay buenas noticias: hay gracia que restaura, amor que sostiene y un Salvador que camina con nosotros. En Él, la esperanza vuelve a nacer.