
Un llamado a los pastores, predicadores, líderes, maestros, escritores y teólogos del Siglo XXI … GRANDE ES NUESTRA RESPONSABILIDAD
En tiempos donde la opinión pública y las corrientes culturales pretenden dictar la pauta, la responsabilidad de pastores, líderes, maestros, escritores y teólogos es más alta que nunca. No estamos llamados a agradar al mundo, sino a ser fieles a la Palabra de Dios. El apóstol Pablo fue claro al respecto: “¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10). El compromiso con la Escritura no es negociable.
Cada vez que un líder espiritual adapta el mensaje para hacerlo más aceptable, diluye la verdad y traiciona su llamado. No hemos sido encomendados para entretener o suavizar lo que Dios ha dicho, sino para proclamarlo con fidelidad. “Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2). La verdad no necesita adornos, necesita proclamadores valientes.
El peligro de dejarse arrastrar por discursos populares e influyentes es real. Jesús advirtió que muchos falsos profetas se levantarían, y su característica no sería la ausencia de palabras religiosas, sino su traición a la verdad (Mateo 7:15). No podemos confundir influencia con fidelidad. La autoridad no proviene de cuántos nos siguen, sino de cuán firmemente nos mantenemos en la Palabra.

Amados Dios nos ha dado, en su misericordia, la oportunidad de marcar la diferencia cuando más el mundo lo necesita. Hoy más que nunca, se requiere integridad bíblica. Nuestra tarea no es innovar, sino preservar el mensaje eterno. No nos debemos al aplauso humano, sino al juicio de Aquel que nos llamó y delante de quien tendremos que dar cuenta. ¡Ayúdanos Señor!
¡Piénsalo! Rdo. Ángel A. Rivera Rivera IDPMI Arecibo Pueblo