
LA IGLESIA: ESTABLECIDA PARA AMAR, PREDICAR Y RESTAURAR
La Iglesia de Dios Pentecostal M.I., Región de Puerto Rico, por años abrazó con firmeza un lema profundamente arraigado en la Palabra: “Cristo, la única esperanza para un mundo en crisis”.
Este mensaje refleja una verdad eterna: Jesucristo es el único camino hacia la reconciliación con Dios. Él es el puente divino que une al ser humano con la gloria eterna, como lo declara el apóstol Pablo: “A quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.” — Colosenses 1:27 (RVR1960)
Recientemente, se ha adoptado un nuevo lema que también refleja la esencia del llamado divino: “Una Iglesia que ama, predica y restaura”.
Este lema no solo enuncia una identidad, sino que marca un sendero de acción. Representa el puente que la Iglesia está llamada a construir entre el cielo y los corazones heridos del mundo. Como nos recuerda la Escritura: “El Señor no retarda su promesa,… sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” — 2 Pedro 3:9 (RVR1960)
La esencia verdadera de la Iglesia es clara: amar, predicar y restaurar.

CON EL CORAZÓN DE CRISTO: COMPASIÓN QUE TRANSFORMA VIDAS
El apóstol Pablo no hablaba desde su emoción, sino desde el corazón de Cristo pueblo era expresión de una profunda compasión que lo movía a actuar: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.” — Filipenses 2:5 (RVR1960)
Cristo no se quedó distante: Él descendió, caminó entre nosotros y tendió el puente de la cruz para abrirnos camino al Padre. La Iglesia está llamada a imitar ese mismo sentir, actuando con un amor que no observa desde lejos, sino que cruza al encuentro del necesitado. No hay mayor gozo para un creyente que ganar almas para el Reino de Dios.
VOLVAMOS AL PROPÓSITO: ALCANZAR CORAZONES CON AMOR Y VERDAD
Con el tiempo, es posible perder el enfoque. Muchas iglesias han priorizado lo estético y estructural, mientras se debilita el impacto espiritual y social. Jesús, al ver a las multitudes, no vio estadísticas: vio almas. “Jesús sintió mucha compasión, porque vio que era gente confundida, que no tenía quien la defendiera. ¡Parecían un rebaño de ovejas sin pastor!” — Mateo 9:36 (TLA)
La misión principal de la Iglesia es la gente. No las paredes, ni los vitrales, ni los púlpitos lujosos. ¡La gente! Volvamos a la esencia: amar, predicar, restaurar.

EVANGELIZAR CON PASIÓN: LLEVAR LUZ DONDE HAY OSCURIDAD
Evangelizar no es una actividad opcional; es el núcleo de la misión. El apóstol Pablo lo resume magistralmente: “¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?… ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian buenas nuevas!” — Romanos 10:14–15 (RVR1960)
Cada creyente está llamado a ser un puente viviente, por el cual otros puedan encontrarse con Cristo. No se trata de discursos elocuentes, sino de vidas que reflejan el evangelio en acción.
LLENOS DE COMPASIÓN: SIENDO MANOS DE ESPERANZA EN EL MUNDO
La compasión no es un sentimiento pasivo. Es el motor que impulsa a actuar. Jesucristo no solo sintió: Él se movió. Esa es la compasión que debe bautizar a la Iglesia de hoy. Compasión es el sentimiento profundo de empatía y tristeza ante el sufrimiento ajeno, acompañado del deseo sincero de aliviar o ayudar a quien sufre. Que la Iglesia vuelva a extender sus manos, no para construir estructuras, sino para tender puentes hacia el quebrantado, restaurando lo que el enemigo ha destruido.
RENOVANDO EL PRIMER AMOR: UNA IGLESIA VIVA QUE AMA Y SIRVE
Todo lo material pasará. Pero las almas alcanzadas, restauradas y discipuladas permanecerán para siempre. Nuestro legado no serán los templos que construimos, sino los puentes que abrimos hacia el Reino. “Ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios… es para salvación.” — Romanos 10:1 (RVR1960) Oremos por un avivamiento auténtico. Por una Iglesia que vuelva a arder con la pasión del primer amor, y que jamás olvide su llamado: amar, predicar y restaurar. Que sea siempre un puente de esperanza para un mundo en crisis.
