
La palabra de Dios…
Otorga el discernimiento para elegir el sendero correcto conforme a Su voluntad. Es lumbrera que ilumina el camino en medio de las tinieblas. Es la revelación de Dios mismo para el hombre. Es presentar Su propósito: “la salvación del hombre”.

Vivir por la Palabra…
Más allá de una necesidad, debe ser el estilo de vida para el hombre de hoy. La Palabra nos acerca a los propósitos divinos y nos dirige a confiar en Él.
El creyente firme es aquel que cumple con los estatutos bíblicos. El practicar sus enseñanzas, es reconocer el control de Dios en nuestras vidas. Él es quien abre camino aun cuando no hay como lo dice el profeta Isaías (43:16-21). Y que mejor confianza saber que es Dios quien nos dirige en medio de nuestro caminar.
El hombre que vive por la Palabra… • Halla paz en medio de un mundo adverso. • Reconoce que su refugio es Cristo. • Es cuidado, guardao y protegido. • Entiende, que la obediencia y fidelidad a Dios, redunda en bendiciones para su vida. • Experimenta la fidelidad de Dios. • Camina con firmeza, sin claudicar. • Es fortalecido en su debilidad. • Es capacitado para luchar contra viento y marea. • Recibe consuelo en el dolor y en la aflicción. • Experimenta provisión en la escasez. • Es revestido con la armadura de Dios. • Camina de la mano de Dios.

Vivamos a la luz de la Palabra…
Adquiriendo conocimiento, sabiduría y visión y de lo alto. De esta manera seremos moldeados, transformados y renovados en Cristo. El propósito y el poder de Su palabra es para todos; en todo tiempo y en cualquier circunstancia. Su Palabra nos da vida y vida en abundancia. (Juan 10:10). En resumen, el hombre que vive por la palabra de Dios, vive una vida de plenitud en Cristo Jesús, con propósito y repleto de riquezas espirituales. Vivamos a la luz de la palabra de Dios porque ella es segura, firme, verdadera y fiable; nunca pasará como dice Mateo 24:35 “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”