La voz del Buen Pastor / Juan 10:2-5

El Señor a través del profeta Isaias hace escuchar su voz en forma de queja, “todos nosotros como ovejas nos hemos extraviado”. Referencia hacia el pueblo de Israel y sus descendientes.  Existía un constante ciclo de pecado en el pueblo, Dios los rescataba de sus enemigos y ellos regresaban nuevamente a la desobediencia y la adoración de ídolos. Cada vez que Dios los rescataba de los resultados de sus propias malas decisiones, casi no les tomaba tiempo huir en una dirección nueva y autodestructiva, o repetir sus viejas andanzas.

            Este mismo patrón de comportamiento lo vemos en la iglesia primitiva, después de la resurrección de Jesucristo, los de Galicia, luego de su conversión, insistían en que uno tenía que ser judío antes de poder ser cristiano. En otras palabras, la división era una tentación constante en la comunidad cristiana primitiva, tal como lo había sido en la era precristiana. Hoy corremos el mismo peligro como iglesia, aunque conscientes de la necesidad de la unidad en el cuerpo de Cristo, existen campos opuestos por diversas fuerzas de conflicto. La política, las diferencias sociales, económicas e ideológicas siguen como campos minados que entorpecen el marchar de la iglesia.

            Es necesario que entremos en la obediencia de una sola voluntad, la de nuestro Salvador y Señor. Y es esa sola voz la que debe guiar nuestros pasos en todo lo que hacemos. Jesus sigue siendo el buen pastor y aquellos que le siguen como discípulos oyen su voz, así como las ovejas en forma silente siguen a su pastor terrenal. En medio de nuestros retos y adversidades debemos ser sensibles a la voz del maestro. La escena de María Magdalena en el jardín de la Resurrección es un hermoso ejemplo de esto. Aunque Jesus está presente, maría no lo reconoce, es necesario escuchar a Jesus pronunciar su nombre para reconocer aquella voz que en un momento dado escucho expulsando a siete demonios de ella. Era la voz que la había enseñado. Escucho una voz que manifestaba esperanza y compasión. Un amor ilimitado.

            En nuestra intimidad con Jesus, esa voz se hace presente en nuestros corazones, en medio de nuestro silencio él nos llama por nuestro nombre y nos hace ver su cuidado constante. Reconocemos esa amorosa voz en medio de nuestra adoración junto a nuestros hermanos, en la lectura de las Sagradas Escrituras. El amor y la generosidad expresado en Su voz, no nos permite permanecer fríos o indiferentes al escucharlo. En sus continuos mensajes enfatizo la necesidad de que sus discípulos ejercitaran ese amor y unidad.  Al orar expreso su deseo de que Sus discípulos fueron uno, como El y el Padre eran uno.

            La iglesia del siglo 21 debe asegurarse que la única voz que escucha es la del Espiritu Santo guiándonos a toda verdad, manteniéndonos unidos en un mismo sentir. El mensaje del evangelio será creído por el mundo cuando vea en la iglesia la unidad producida por la obediencia a la voz del Señor. Esta solidaridad debe incrementarse constantemente hasta el día en que lleguemos a la perfección. Entonces, salvos por gracia, los hombres ofrecerán gloria a Dios como una familia amada de Dios y de Cristo.

Rev. William Hernandez Ortiz / Obispo General IDPMI

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