Semblanza de Oscar Torres Rodríguez

El Reverendo Oscar Torres Rodríguez nació el 15 de abril de 1946 en el pueblo de Adjuntas, Puerto Rico. Fueron sus padres Eladio Torres y Narcisa Rodríguez. Creció en una familia numerosa compuesta por 11 hermanos (5 mujeres y 6 varones). Pasó sus primeros años en su pueblo natal, pero posteriormente su familia se trasladó a la ciudad de Ponce.

A la edad de 4 años, Oscar fue testigo del poder de Dios cuando un grupo de creyentes visitó su hogar para orar por su madre, quien se encontraba gravemente enferma. La sanidad de su madre la llevó a entregar su vida al Señor, iniciando así un camino de servicio a Dios en el que Oscar la acompañó desde su niñez.

El 3 de agosto de 1968, Oscar contrajo matrimonio con Rosa Riera Busigó. De esta unión nacieron sus hijos: Oscar, Rosamarie, Guillermo y Roselyn, quienes le dieron la bendición de ocho nietos y tres bisnietos.

A la corta edad de 19 años, ingresó al Instituto Bíblico Mizpa para realizar estudios formales de la Palabra de Dios. Desde joven, fue un líder activo en su iglesia, desempeñándose como presidente de jóvenes y maestro de Escuela Bíblica, entre otros roles. Movido por su pasión por servir al Señor, comenzó a orar fervientemente por su llamado pastoral. La respuesta divina llegó rápidamente, y en 1971 fue designado pastor en el pueblo de Maricao, iniciando su ministerio con una congregación de 40 miembros.

Rdo. Hernán Rivera Rivera Obispo de la IDPMI PR.
en palabras de fortalaza para la familia.

Su entrega y dedicación fueron inquebrantables, logrando un crecimiento significativo en la comunidad. Estableció cinco campos de predicación, lo que llevó a un avivamiento en la región. Su impacto fue tal que la congregación creció hasta superar los 200 miembros. Su carácter afable y carismático lo hicieron ganarse el respeto y cariño de toda la comunidad, al punto de recibir acercamientos por parte de líderes políticos para postularse como alcalde del pueblo. Sin embargo, su misión y compromiso con Dios fueron siempre su prioridad.

En 1982, fue llamado a pastorear la Iglesia de Dios Pentecostal Movimiento Internacional (IDPMI) en Caguas Pueblo. Allí, enfrentó grandes retos y dejó establecida una escuela Head Start. Durante su ministerio, fue seleccionado como presbítero, cargo que ejerció con responsabilidad, compromiso y fidelidad. Su liderazgo permitió que muchos pastores y pastoras surgieran y fueran enviados a diferentes iglsias como a campos misioneros.

Rdo. Oscar Torres casando a Luis Claudio & Annette Rivera
IDPMI Villa Esperanza Caguas, PR

En 1989, asumió el desafío de pastorear la IDPMI en la comunidad de Villa Esperanza en Caguas, una iglesia que había sufrido un declive significativo. Con su carisma y pasión, comenzó a predicar y cantar por las calles, logrando que muchas vidas se entregaran a Cristo. Su ministerio incluyó la implementación de retiros espirituales en el campamento Ebenezer, que resultaron ser una bendición para la congregación y una plataforma para confirmar llamados al servicio del Señor. Gracias a su liderazgo, la iglesia experimentó un crecimiento notable, lo que llevó a la ampliación y remodelación del templo, así como a la adquisición de propiedades aledañas para desarrollar un gran estacionamiento.

Oscar dejó una marca imborrable en la comunidad con iniciativas como las caminatas de Acción de Gracias y las tradicionales trullas navideñas, que incluían su famosa interpretación de “La historia antigua”. Estas actividades se convirtieron en eventos esperados y recordados con cariño por la comunidad.

En 2012, después de décadas de servicio, se retiró del pastorado, una decisión que trajo tristeza a su congregación, la cual le rindió un homenaje en reconocimiento a su legado. Su ministerio incluyó roles como maestro del Instituto Bíblico Mizpa (extramuros), director del programa radial “La Voz de Pentecostés”, mentor de otros pastores, presidente de misiones, presbítero, organizador de asambleas regionales de pastores y de la Asociación de Jóvenes Embajadores de Cristo (AJEC), además de su faceta como cantante. Pero, sobre todo, fue un pastor amigo, siempre dispuesto a servir.

Más tarde, se trasladó al estado de la Florida, donde continuó su labor ministerial. Hace tres años, recibió el diagnóstico de un cáncer agresivo que fue debilitando su cuerpo, pero nunca su fe, su sonrisa ni sus alabanzas. A pesar de recibir tratamientos fuertes, resistió con valentía. Aunque su pronóstico inicial era de seis a veintidós meses de vida, el Señor le concedió tres años más.

El sábado 8 de febrero de 2025, en horas de la mañana, Oscar escuchó la voz de su Señor diciendo: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor”. Ese día, su voz y su sonrisa se apagaron en la tierra, pero su legado y su testimonio siguen vivos en los corazones de quienes le conocieron. Partió rodeado del amor y apoyo de su familia y amigos.

Hoy muchos lloran su partida, pero con la esperanza bienaventurada de que descansa en los brazos del Señor, donde no hay dolor, sufrimiento ni enfermedad. Celebramos la vida de este gran hombre de amor, fe y servicio. No es un adiós, es un hasta luego.

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