
JUVENTUD CON LLAMADO

¿Qué hace un joven o una señorita promedio antes de los 25 años? ¿Dónde suele encontrársele? ¿Puede uno trascender, a esa edad, en la vida de toda una nación, para la gloria de Dios? ¿Es cosa común?
Una joven soltera, y un joven matrimonio, son quienes marcaron el punto de partida en la historia de la Iglesia de Dios Pentecostal M.I. en Perú. Como quien lanza un desafío para la juventud peruana de nuestros días.
A finales de la década de 1960 llegó a nuestras tierras, Seferina “Minita” Casillas. Era una joven soltera, misionera puertorriqueña, y graduada del Instituto Bíblico Mizpa (hoy, Universidad Pentecostal Mizpa). El deseo de Minita, como la conocemos por aquí, siempre fue ser instrumento de Dios para la predicación del evangelio en el Perú.
Cuenta la historia que pocos años después de su llegada a nuestras tierras, por esas cosas propias de las provisiones de Dios, la joven Minita Casillas es invitada a la celebración de cumpleaños de un niño. Es aquí, en un pequeño hogar de San Juan de Miraflores (Distrito Limeño ubicado al sur de la capital), que nuestra misionera aprovecha la oportunidad para enseñar el evangelio a través de una historia bíblica a los niños allí reunidos. Un cumpleaños convertido en salón de clases de Escuela Dominical.

A partir de ese momento, se va formando la Iglesia de Dios Pentecostal Movimiento Internacional en el Perú; la Calle Máximo Górbitz, en San Juan de Miraflores, se convierte en parte de nuestra historia. Finalmente, en esta pequeña calle se encuentra la primera Iglesia organizada en nuestro país conocida como la IDPMI San Juan y la oficina nacional de nuestra organización. Corría ya el año 1971.
JOVEN MATRIMONIO
Meses después, llegaron desde tierras borinqueñas, un joven matrimonio: José Salvador Rubianes y Norma Ávila. Enviados por nuestro buen Dios a través del Departamento de Misiones Internacional dirigida en aquel entonces por el Rdo. Pedro Martínez Lugo.
Fue con nuestros amados misioneros Rubianes que la Iglesia de Dios Pentecostal M.I. Región Perú, fue inscrita el 13 de abril de 1973 en los Registros Públicos. De esta manera queda constituida formalmente la Iglesia en el Perú.

Esto fue el resultado de la obra del Espíritu Santo y el encomiable trabajo de este joven matrimonio entre las arenas y tierras del cono sur de la capital peruana. Evidencia de su pasión por dar a conocer las buenas nuevas de Salvación y que nuestro Señor Jesucristo sea exaltado hasta lo último de la tierra.
El cansancio, la frustración, el sufrimiento y el temor propio de nuestros primeros jóvenes misioneros -Seferina “Minita” Casillas y el matrimonio Rubianes Ávila – al estar en tierras gobernadas bajo un régimen militar, cedieron ante la fuerza y el poder del Espíritu Santo, quien los movía según su preciosa voluntad con el único fin de ver florecer el glorioso evangelio y a toda una nación adorando al Dios eterno.
“Te alaben los pueblos, oh Dios; todos los pueblos te alaben”. Salmos 67:1-3

CRECED Y MULTIPLICAOS
De aquellos años hasta nuestros días, han transcurrido más de 50 años. Hubo periodos llenos de vitalidad y otros caracterizados por las dificultades y el adormecimiento temporal. Hoy bajo el lema “Creced y Multiplicaos”, la visión de Dios para este tiempo ha llegado a través de nuestro obispo, el Rdo. Carlos Núñez. Así, vemos una iglesia despierta; que, impulsada por el Espíritu Santo, sale de sus fronteras de toda la vida (el cono sur de Lima), para asentarse en distritos impensados como el Callao, San Miguel, San Martín de Porres, Puente Piedra, Los Olivos, San Juan de Lurigancho, Chosica, Surco y Chorrillos. Ahora, como puntos de predicación para que en el mañana sean iglesias establecidas. Y al interior del país, Piura, Chincha, Puno, Juliaca, entre otros, son los nuevos espacios hacia donde el Señor está moviendo a esta Iglesia.
Es nuestra oración que la novel generación imite la vida de quienes nos precedieron, dedicando sus vidas enteras a la proclamación del evangelio.
Oramos para que, en obediencia al marco bíblico, desde Perú empiecen a salir, cual regalos de Dios, misioneros para todo el mundo (Marcos 16.15).
Entre tanto, la Iglesia en el Perú, a poco de dejar de ser una Iglesia misional, los espera con los brazos abiertos y la tierra lista para la siembra… y la cosecha.