
El que me diga, que tomar decisiones en momentos dados es fácil, yo le digo que, para mí no lo es. Una mudanza, un cambio, un dejar…. Ahora que estamos por terminar y comenzar un nuevo año, es importante reflexionar del año que está por pasar y el que está por llegar. Cuando se trata de toma de decisiones; en el aspecto emocional, espiritual, material, económico… ¿será importante hacerlo?
Tomar decisiones no es otra cosa que mantener firmeza de carácter. En el término espiritual decidirme por lo que Dios quiere y desea para mí; muchas veces, se nos hace difícil, a veces duele, ¿por qué?

Dios no va a dirigir ni controlar nuestras vidas a menos que se lo permitamos. Siempre he dicho, que, desde el mismo cielo, Él no quiso marionetas ni títeres que pudiera dominar a su antojo. Siempre ha respetado el libre albedrio. Aun cuando pudiera hacerlo, nunca ha deseado controlarnos. Sí una cosa sé, que Dios quiere lo mejor para nosotros y debemos procurar querer lo mejor para nosotros mismos también. Entonces: ¿por qué no nos unimos?
La Biblia nos dice que seríamos necios, si no nos dejamos dirigir por Él: “Mirad, pues con diligencia como andéis, no como necios sino como sabios…no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:15-17). Aun Jesús oraba, para hacer la voluntad del Padre y no la de Él (Mateo 26:39, 42,44). ¿Seremos mejor que el Señor?
En una ocasión, anunciaron en un periódico solicitando aspirantes para un puesto vacante. Muchas personas respondieron. La sala se llenó. Pasó el primero y se le dijo en qué consistía el trabajo: “necesitamos una persona que pueda tomar decisiones rápidas y que pueda pensar mientras está en movimiento”. ¿Puede usted demostrar que es capaz de hacerlo? Sin dudar, se levantó, abrió la puerta, asomó la cabeza y anunció a los que estaban esperando: “muy bien, amigos, pueden irse a casa, el puesto ya fue ocupado”.
Cierto, en la vida diaria, no es tan fácil. Pero si imitas al Maestro, pudieras desarrollar un plan para tomar decisiones. Veamos su ejemplo: 1. Se mantuvo fiel a su objetivo: la cruz (Hebreos 12:2). Si es necesario ponernos “gríngolas” para que nada nos distraiga, ni nos desvíe, hagámoslo. 2. Hacer la voluntad de Su Padre (San Juan 4:34). Se negaba a sí mismo para hacer la voluntad de Dios. Deja que El dirija tu futuro, estarás seguro. 3. Oraba en todo tiempo. Su fiel ejemplo nos hace recordar que las armas de guerra son espirituales. En el Getsemaní, dio muestra de ello (San Lucas 22:39-46). Cuando nos detenemos hablar con Él, nos dirige, nos habla, nos ministra.

Tal vez dirás, pero era el Hijo de Dios. Sabes, me gusta la Palabra, porque dejó ejemplos de personas, como tú y como yo. Recuerdas a Abraham, Dios le pide a su hijo (Génesis 22:2), difícil decisión. Si hablamos del joven rico, le dijo ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres (San Marcos 10:17-22). El joven, se fue triste; demostró donde estaba su corazón aun conociendo los mandamientos.
Cuando Dios nos pida algo; ¿estaremos dispuestos a dárselo y renunciar por seguir Sus pasos y obedecerle?
La parte de Dios en nuestras vidas es trabajar con nosotros; a nosotros nos toca responder y tomar la mejor decisión. El Espíritu Santo trabaja con nosotros. Le escuchamos, le obedecemos. ¿Qué Dios te está demandando, que añadas en tu vida, a que cosas renuncies, dejes, porque será mejor para tu vida? Si nuestras decisiones se hacen unísonos a la voz de Dios, le agradaremos. Podremos decir: “el hacer Tu voluntad es mi agrado”.
En ese tiempo de espera, deja que te muestre Su amor, te examine, te dirija para que tomes la decisión correcta. Confío en que Dios te ayudará a tomar la mejor decisión para que seas dichoso, aun en medio del dolor, la prueba…
Reitero nuevamente: “un año que está por terminar y otro por dar comienzo, creo deberíamos tomar la mejor decisión, dirigidos por Él. Nos ayude Dios.