
Recuerdo en mi primer pastorado, que, junto a la congregación, nos lanzamos a un proyecto para pintar el templo por dentro y por fuera. Hubo un tremendo respaldo de los hermanos.

Pero un día decidí ir solo a terminar de pintar el garaje de la guagua, que a su vez era la cocina. Comencé a pintar con entusiasmo, pero luego me entristecí al dar par de “rolazos”. Es que, en esos momentos, recordaba a mi viejo pastor (él sabe quién es). Me sentía solo. Y pensaba en las veces que estaba sólo y en las otras ocasiones que lo había dejado sólo. Tan pronto terminé, regresé a mi casa y le escribí una carta pidiéndole perdón y reconociendo que ahora entendía lo que siente un pastor.
Me enteré que recibió la carta, pero en las ocasiones que nos hemos encontrado, no hemos hablado nada sobre ella. Eso queda entre nosotros. Estipulado. Nuestra amistad sigue incólume y, aunque está jubilado, sigo llamándolo “mi pastor”.
“¡Te aprecio Pastor!” es el título de este escrito. Es una expresión que no está explícito en la Biblia, pero Dios ha tomado su tiempo y espacio para mostrar su aprecio al pastorado. En Hebreos 13:7 (RVR60), el escritor sin nombre dice: “Acordaos de nuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cual haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.”

Por otro lado, en Apocalipsis, el Señor identifica a los pastores como “ángeles”. ¡Me conmueve ver a nuestro Hacedor considerando a este grupo de siervos y siervas como especiales y se acuerde de ellos! Eso me dice que Dios no olvida, todo lo contrario, considera que el trabajo que realizan no es en vano. Le agradecemos eso y para nosotros, el pastorado, es un privilegio la consideración divina. También tenemos que agradecer a los que inventaron el concepto de “Octubre: Mes de la Apreciación Pastoral”. Desconozco si fueron pastores, son pastores o hijos de pastores. De todos modos: ¡GRACIAS! Pero me gustaría reflexionar sobre el siguiente punto: en el pastorado, ¿hemos entendido lo que conlleva dicha apreciación? ¿Hemos considerado cuáles son los materiales que cimentan esa creciente apreciación?
Hebreos nos expresa que los pastores se ocupan de unas labores específi cas las cuales deben ser considerados por aquellos que se benefi cian de dichas labores: la palabra que pregona el pastor, su conducta y su fe demostrada en, tal vez, situaciones estresantes. Lamentablemente hay pastores que han olvidado que las ovejas son bien observadoras de la conducta y la fe del pastor. Procuran aprender a caminar como el pastor. Imitan. También tienen una tremenda audición, aunque su visión sea limitada. Reconocen la voz de su pastor, aun en la distancia y puede discernir lo que dice. Es por esto, que el pastor debe ser cuidadoso con lo que dice, escucha y hace. ¡Oveja alerta!

Otra pregunta que afl ora es: ¿se habrá ganado el aprecio de las ovejas por lo que ha hecho para su bien, de tal modo que ellas no han olvidado? ¿O ha pensado que el aprecio que debe recibir es sin esfuerzo ninguno de su parte?
Por favor, no me malentiendan. El pastorado no trabaja para recibir premios terrenales. Pero a Dios le interesa que sean reconocidos en la tierra, porque el Príncipe de los Pastores dará el reconocimiento a cada uno personalmente, conforme a sus obras. (1ra. Pedro 5:4). Es triste ver a pastores que no disfrutan su tiempo de pastorado, pero también es triste ver a miembros (ovejas) que no disfrutan a sus pastores. Las crisis y tensiones aumentan cuando cada uno toma una actitud defensiva y no consideran que todos responderemos al Rey de Reyes y Señor de Señores.
Mi exhortación a las ovejas del Señor es: de vez en cuando dígale a su pastor “Te aprecio Pastor”. Eso levanta el ánimo. No está demás una muestra de cariño. Dios lo apreciará. ¡Que Dios te bendiga!