EL LEGADO

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. – Josué 1:8 RVR 1960

Moisés tuvo palabras de aliento para Josué en presencia de todo el pueblo. La empresa, aunque difícil, no debería causarle inquietud ni desaliento, ya que Dios había determinado y jurado que entregaría aquella tierra a los israelitas. Josué tan solo sería el instrumento por medio del cual se haría efectiva la promesa.

Cuando Josué comenzó los preparativos para la conquista de Canaán, Dios habló con él. ● Le hizo promesas: “nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida.” Josué 1:5 ● Le delegó una responsabilidad militar, “repartirás este pueblo por heredad.” Josué 1:6 ● Le prometió éxito en todo lo que emprendiera, nadie podría resistir su paso avasallador.

Sus hazañas y proezas serían recordadas por generaciones. Pero, Dios le hizo entender a Josué, que de todo eso, solo una cosa es importante. Solo una será de trascendencia eterna, y es la que demandaba de él. De cuidarse de hacer conforme a toda la ley que aprendió de Moisés. Que no importando la notoriedad que alcanzara, los triunfos obtenidos, lo lejos que pudiera llegar en su conquista, “no podía apartarse de la ley de Jehová ni a diestra ni a siniestra en todos los días de su vida.” (Josué 1:7)

Más que ser recordado como conquistador, Josué es renombrado por su fidelidad a la observancia de la ley de Dios, porque nunca se apartó de su boca ni de su corazón el libro de la ley. Como resultado: “No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió”. (Josué 21:45)

Josué dejó un legado, hagamos nosotros lo mismo, volvamos al estudio del Libro que da vida que es la esencia misma del Verbo encarnado.

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