UN MINISTERIO DE OPORTUNIDADES Y ADVERSIDADES

EL MINISTERIO PASTORAL ES UNA BENDICIÓN.

Somos privilegiados al ser llamados, puesto que nos es imposible alcanzarlo por nuestros méritos. El Señor, en su misericordia, nos fortalece y nos tiene por fi eles para confiarnos el cuidado de su preciado rebaño (1 Timoteo 1:12). Conscientes de tal realidad asumimos esta responsabilidad con temor y temblor con conocimiento pleno de que respondemos al Señor dando cuenta del ejercicio de nuestras labores (Hebreos 13:17).

OPORTUNIDADES

Lo más grandioso de este sagrado ministerio son las extraordinarias oportunidades que nos ofrece. Es inexplicable la satisfacción que sentimos al ver un alma responder al llamado de salvación. Tan es así, que nos resulta imposible ocultar la alegría del momento. Cada semana hay una audiencia atenta y confiada en recibir la Palabra oportuna para su necesidad. Tal expectación nos impone el deber de prepararnos en oración y estudio para transmitir con unción el mensaje de Dios para su pueblo. La considero una oportunidad única imposible de desaprovechar.

Orar por los enfermos, suplir necesidades, visitar un hogar, dar la mano a la ciudad, brindar consejos, rescatar matrimonios, abrazar al afligido, traer consuelo en el día de angustia y desarrollar líderes son algunas de tantas oportunidades que este ministerio nos da. ¡Gloria a Dios!

ADVERSIDADES

No todo es color de rosas. Hay momentos en que este camino se torna adverso y tortuoso. Mucho se diserta sobre los consabidos gajes de este oficio que nunca faltan. Ingratitudes, injusticias, malos entendidos, interpretaciones equivocadas, inmadurez espiritual, gente mal intencionada, oposición inexplicable, entre otras. Estas son realidades innegables que tenemos que enfrentar los pastores del rebaño. Sin embargo, es preferible resaltar, que son muchas más las bendiciones que las aflicciones. Son muchos más los que abrazan y muestran su amor al pastor de todas las maneras posibles. Expresiones de cariño no nos faltan. La mano dispuesta a ayudar siempre aparece. Corazones que comparten los triunfos y sufren nuestras aflicciones siempre están presentes. La crítica que solo persigue ayudar también está. A Dios gracias y a tanta gente hermosa nuestros aplausos.

MI EXPERIENCIA

En mi experiencia lo más difícil de este camino no son las pequeñeces antes mencionadas. Duro es tener que traer palabras de aliento cuando estoy desalentado. Ministrar a otros cuando necesito ser ministrado. Ver a alguien abandonar el rebaño sin poderlo entender. Sentirme insuficiente para resolver algún asunto apremiante. Quedar sin palabras para ofrecer consuelo al que sufre una desgracia. Competir con el discurso mundanal enfermo al traer la Palabra de verdad que conviene al pueblo. Intentar una y otra vez que escuchen los que no quieren escuchar. Ver a tantos rechazar el llamado a la salvación o reconciliación. Eso si es duro de verdad.

EL BUEN PASTOR EN LA CRUZ.

Lo cierto es que ninguno de estos embates o la rudeza de este camino es comparable al sufrimiento del Buen Pastor en la cruz. Allí sufrió menosprecio, escarnio y oprobio resistiéndolo todo por amor a nosotros. Cualquier amague de rendición es inexcusable al mirar al pastor perfecto en el Calvario. Nos toca seguir… ¡Dios ha sido bueno! Muchas veces somos reconocidos por la tierra. Son muchos los que entienden este ministerio y se ocupan de que recibamos lo que sus manos nos pueden dar. Hay quién no tenga tal dicha y entiendo que duela. No obstante, hay que continuar.

NOS LLAMÓ EL SEÑOR Y ÉL NO NOS ABANDONARÁ.

El fuego que le impidió retroceder a Jeremías sigue ardiendo en nuestros corazones. Sigue pastor, sigue pastora. No olvides nunca que… “Y cuando aparezca el PRÍNCIPE DE LOS PASTORES, vosotros recibiréis la CORONA INCORRUPTIBLE de gloria” (1 Pedro 5:4).

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