
Este registro sagrado es creíble y poderoso a la vez. Es interesante, que la finalidad del apóstol Juan al escribir es tratar de introducir el concepto de un “Mesías o un Salvador” en el contexto de la cultura griega. La idea de un “Mesías” para el mundo griego estaba fuera de su razonamiento. Sin embargo, para el pueblo cristiano, el “Mesías” era el centro de sus creencias.

¿Cómo podía Juan presentar el concepto de tal manera que pudieran entenderlo?
La respuesta residía en el término “palabra o verbo”, que era entendida tanto por los judíos como por los griegos. Para el judío, el término significaba algo más que un mero sonido emitido. Era algo activo y existente. Era poder para expresar o hacer algo. La prueba está en el Antiguo Testamento donde la palabra de Dios es vista como su poder creativo. Por su Palabra fue creado el mundo y todo cuanto en el existe. (Génesis 1:3, 6,11; Salmos 33:6; 107:20; 147:15; Isaías 55:11).
Por otro lado, los griegos veían el término palabra como algo más filosófico. Eran observadores de la naturaleza y del orden existente en sí misma. Cada cosa tenía su lugar y se movía o crecía en forma ordenada, las estrellas en el cielo y abajo toda la vegetación.
Mediante la observación, los griegos sostenían que detrás de todo ese orden existía un poder que mantenía todo en su lugar. Esta mente creativa, este razonamiento supremo, este poder ilimitado se decía que era la “palabra o el verbo”. Para ellos, ese poder que mantenía en orden la naturaleza era lo que capacitaba al hombre para pensar y razonar. Era el poder que traía luz y entendimiento a la mente del hombre y lo capacitaba para expresar sus pensamientos en forma organizada. Para los judíos convertidos la “Palabra o el Verbo”, era el poder a través del cual el hombre se conectaba con Dios y expresaba sus sentimientos hacia Él.
Juan tomó esta idea común entre judíos y griegos y proclamó que Jesús era la “Palabra, el Verbo”. Juan sabía que para el mundo griego la “palabra” era la expresión de una idea, un pensamiento, una imagen en la mente de una persona. Y utilizando este conocimiento, proclamó de forma contundente que a través de la vida de Jesucristo Dios estaba hablándole al mundo, y demostrando lo que Él quería comunicarle al hombre.

Juan dejó claro tres cosas:
- Dios nos había dado más que meras palabras en las Sagradas Escrituras. El Padre nos dio a Jesucristo, la “Palabra” encarnada. Él es el “Verbo”, la expresión, la imagen de lo que Dios quería comunicarnos. Jesús fue la palabra de Dios que vino a la Tierra para vivir la palabra escrita.
2. Jesús es la mente sostenedora, el razonamiento supremo, y el poder ilimitado que creó y mantiene todo en orden.
3. Jesucristo es la Luz que ilumina y penetra las tinieblas de este mundo.
De acuerdo al registro de las Sagradas Escrituras, Dios habló y por su “Palabra” todo fue creado. En el Nuevo Testamento, vemos que esa “Palabra” viva es Jesucristo.
¡Jesucristo es la Palabra! Es por esto que debemos valorar la palabra de Dios escrita. ¡Tener la Palabra escrita en nosotros es tener a Jesús en nosotros! Dios se comunica con el hombre a través de su palabra escrita. En ella conocemos su voluntad y es la guía segura para una vida agradable delante de Él.
Él que guarda su palabra en el corazón para ponerla por obra, todo lo que pida al Padre en el nombre de Jesús, Él lo hará. ¡Dedicar tiempo al estudio de la palabra de Dios es pasar tiempo de calidad en su presencia!
Cuando su Palabra gobierna nuestro corazón, nuestro camino prosperará y tendremos éxito en la vida.
