
La obediencia a Dios consiste en vivir su propósito. Vivir lo que Él quiere, aunque cueste, aunque duela, aunque haya que dejar cosas atrás. El plan de Dios es sublime, más grande que cualquier cosa. Cuando obedecemos y nos movemos en la dirección de su voluntad, Él respalda.

Hace un año, el Departamento de Misiones de AJECPR se propuso vivir el propósito de Dios. La necesidad de llegar a África porque su niñez lo necesitaba, se convirtió en nuestra meta.
Aunque no conocíamos al misionero Matías Cappelli y a su familia, destacados en la isla de Madagascar, tuvimos la oportunidad de contactarlo para una reunión a través de “Zoom”. Lo primero que él dijo fue: “mi petición contestada, la niñez de Madagascar les necesita”
Nos remontó a la aspiración que tuvimos, pero jamás imaginabamos que sería Madagascar. ¡Obedecimos y cumplimos el propósito divino! Vivirlo costó lágrimas, noches de desvelos y tiempo de separación en ayuno y oración. Humanamente se veía difícil, pero Dios en su infi nita gracia nos recordaba su cuidado.
Madagascar es la isla más grande de África y la cuarta más grande del mundo. Es un país rico en especies nativas; como los lémures y su árbol, el baobab. No obstante, muchas de sus comunidades viven en pobreza; particularmente su niñez, que carece de un buen sistema de educación, de calzado y de un plato de comida.

El pasado 24 de mayo de 2023 partimos hacia Madagascar por casi dos semanas. Fuimos el primer grupo de 17 personas sirviendo y amando la obra misionera en Madagascar. En el transcurso, vimos la mano de Dios. En el aeropuerto, Dios suplió y no hubo que pagar parte del equipaje (tres maletas básicamente gratis). En el comedor, vimos como nunca faltó un plato de comida. Entendimos y sentimos como Dios llamaba a la comunidad a servir y cómo había hambre y sed de su presencia.
Madagascar es un campo blanco. Son tantas las cosas que ocurrieron, que un pedazo de página no daría para contar sobre la misión. Pero, a ti que estás leyendo, atrévete a dar el paso. Vive el plan que Dios te reveló. Obedece, ama, ayuda y sirve.
Atrévete a cumplir la misión de Dios. Quien te llama ha de respaldar. Porque, si no eres tú, ¿quién irá? Si no es ahora, ¿cuándo será?