Escrito por: Rdo. William Hernández Ortiz / Obispo General IDPMI
Cuando iniciamos la jornada estudiantil, son diversas las materias por las cuales somos instruidos. Estas van creando una estructura intelectual que nos capacita para enfrentar las inevitables situaciones de la vida.
“MOSTRANDO LA OBRA DE LA LEY ESCRITA EN SUS CORAZONES, DANDO TESTIMONIO SU CONCIENCIA, Y ACUSÁNDOLES O DEFENDIÉNDOLES SUS RAZONAMIENTOS, EN EL DÍA EN QUE DIOS JUZGARÁ POR JESUCRISTO LOS SECRETOS DE LOS HOMBRES, CONFORME A MI EVANGELIO.”
ROMANOS 2:15-16
El reto como cristianos es asumir la responsabilidad no solo de los resultados, sino, también de los medios usados para alcanzar los mismos. Cuando nos enfocamos solo en obtener resultados sin dar la atención necesaria en como lo hacemos, caemos en el error de utilizar medios incompatibles con las expectativas del Reino de Dios.

Cuando Satanás llevó a cabo su plan de tentar a Jesús, sus tres ofertas estaban relacionadas con los medios a ser utilizados. Los objetivos eran excelentes, su visión insuperable, sin embargo, sus métodos eran incompatibles con los objetivos a lograrse.
Nuestra vida debe reflejar el proceso usado por Jesús. Una vida en la que somos cuidadosos y atentos al “cómo” y al “qué”. Vivir la vida de Jesús, es hacerlo a la manera de Jesús; Él es, claramente, el Camino, la Verdad y la Vida. No podemos utilizar vías o rutas alternas de escape de emergencia fuera del camino de la cruz.
Vivimos en una sociedad donde la moral ha sido rebajada en su consideración al tomar decisiones. Nuestras conciencias deben ser alimentadas a través de la palabra de Dios. Educada y edificada por las enseñanzas de Jesús. Una conciencia es más que un simple apuntador interno que dice: “Haz lo correcto”.
La conciencia es el conocimiento responsable y personal del ser humano, como la razón, la imaginación y la intuición, que está profundamente arraigada en la mente humana.
La conciencia nos alerta sobre la realidad de que vivimos en un cosmos moralmente estructurado. Que nuestras vidas existen regidas por una línea de tiempo que nos está moviendo hacia un día de responsabilidad ante el tribunal, donde Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme al evangelio, (Romanos 2:15-16).
Una conciencia no educada en las enseñanzas de Jesucristo no funcionará adecuadamente y será guiada por las prioridades de ambición, seguridad y pertenencia.
Así es como Poncio Pilato terminó crucificando a Jesús. No es porque estuviera conspirando para ver a este Mesías asesinado, sino porque estaba “deseando satisfacer a la multitud” (Marcos 15:15).

El escritor del evangelio escribió de Pilato, “vio que no estaba ganando nada, sino que comenzaba un motín”, así que se lavó las manos del asunto (Mateo 27:24). Pilato vio lo que estaba en juego como algo que estaba ganando o perdiendo, en ese momento, definió su misión en términos de ambición y seguridad más que en términos de conciencia.
Si tu conciencia no está dirigida por principios bíblicos, lo mismo podrá sucederte a ti, no importa cuál sea tu función o posición dentro de la estructura donde labores.
El temor a no lograr tu ambición, o a perder lo que has obtenido o tu seguridad, la atracción siempre será calmar la conciencia porque no puedes permitirte lo que temes que te pueda pedir. En esa dirección se encuentra el desastre.
Mantente enfocado en Jesús, si tu misión se alinea con tu conciencia y tu conciencia se alinea con el evangelio, entonces no tienes necesidad de vivir en un miedo paralizante ni de vivir en defensa de ti mismo.
Una conciencia limpia es una conciencia nutrida por la palabra de Dios, donde surge el arrepentimiento y la redirección y súplicas de misericordia. Una conciencia limpia conduce a la paz, porque expulsa el miedo.
El salmista dijo: “Lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino” (119:105).