El poder del joven cristiano proviene del Espíritu Santo, no de la fuerza física, el talento o la popularidad. Su presencia le permite vencer el pecado, resistir la presión del grupo, mantenerse firme en sus convicciones y servir con fidelidad.
Compartiendo un mensaje de Esperanza.
El poder del joven cristiano proviene del Espíritu Santo, no de la fuerza física, el talento o la popularidad. Su presencia le permite vencer el pecado, resistir la presión del grupo, mantenerse firme en sus convicciones y servir con fidelidad.