Pentecostés ¡Ahora!

Allí en Jerusalén, cuando llegó el día de Pentecostés, Dios visitó a su pueblo, como en los tiempos antiguos, con manifestación del Espíritu Santo, invistiendo de poder a aquellos ciento veinte fieles allí reunidos. Escucharon el estruendo del viento recio que llenó la casa, lo sintieron y tuvieron el privilegio de ver “las lenguas repartidas, como de fuego”. Experimentaron lo que creyeron porque perseveraron a la orden recibida del Jesús resucitado cuando les dijo: “Permanezcan en Jerusalén, y esperen la promesa del Padre de ser bautizados con el Espíritu Santo. Entonces recibirán poder, y me seréis testigos desde Jerusalén hasta lo último de la tierra”. (Hechos 1:4, 8) Allí estaban los apóstoles, los que anduvieron con Jesús siendo testigos de sus maravillas; ahora son llenos de su Espíritu. Recibieron poder y autoridad para hacer cosas aún mayores que las que habían visto hacer de su Maestro.

(Juan 14:12-17) Ese gran día, con denuedo, el apóstol Pedro esbozó con poder su primer mensaje, interpretó la profecía de Joel capítulo 2 y en su aplicación, alcanzó con su predicación como a tres mil personas. (Hechos 2:41). Una hermosa cosecha de almas, convertidos a Jesucristo, con otra perspectiva de los asuntos del cielo. Regresaron a su entorno, con un mensaje avasallador que se extendió más allá de los linderos de Jerusalén. Esta gente fue transformada por el poder de la palabra predicada y la intervención del Espíritu Santo como resultado del día de Pentecostés.

Ese día nació una iglesia poderosa que el infierno no ha podido detener ni silenciar su voz profética. La experiencia de pentecostés sigue viva, alcanzando el Espíritu Santo vidas para el reino de los cielos. Sus dones han sido dados a una Iglesia militante, apasionada por la predicación del evangelio. Lo ocurrido el día de Pentecostés, solo fue el comienzo del milagroso crecimiento e impacto en la época de la iglesia naciente.

A través de la historia, ha sido y seguirá siendo el combustible impulsador de los grandes avivamientos que ha experimentado la Iglesia hasta hoy. Desde el comienzo de la Iglesia allí en Jerusalén hasta hoy, millones de personas convertidas a Jesucristo, han experimentado el bautismo del Espíritu Santo y con denuedo predican a Jesucristo.

… Derramaré mi Espíritu…” Hechos 2:1;

“Pentecostés, la manifestación del amor de Dios que llena de valor para predicar el mensaje que cambia y transforma el corazón”.

El bautismo en el Espíritu Santo y el hablar en otras lenguas es una de las doctrinas fundamentales sobre la que se sostiene la Iglesia. Jesús dijo: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”. (Hechos 1:5) El bautismo en el Espíritu Santo es la

promesa del Padre, enviada como un regalo para capacitar al creyente para el servicio. Es para todos, los que creen en Jesucristo como Señor y Salvador. Para todas las edades, todos los pueblos, lenguas y naciones.

Nuestro país y su sociedad necesitan la influencia de una iglesia llena del poder del Espíritu Santo. Pues, donde se manifiesta la experiencia de Pentecostés, hay cambios, hay conversiones, hay transformación, hay crecimiento y hay progreso.

Necesitamos, Pentecostés ¡Ahora!

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