
Tiempo de trascender.
Ya es hora. Toca. Tenemos la responsabilidad de hacerlo. Urge. La inacción es inadmisible al mirar nuestras responsabilidades como padres de familia, creyentes y ministros de este sagrado evangelio. Aceptar las circunstancias que nos imponen en pleno conocimiento de que nos son adversas e injustas es conformismo. El masoquismo es aún peor, pues es manifestar complacencia al sentirse humillado o maltratado.

Ahí los tenemos de nuevo. Mírenlos. Otra vez, buscan nuestro apoyo y respaldo. De nuevo ponen su empeño en hacernos entender lo mucho que les necesitamos. Los mismos estribillos para hacernos saltar de la emoción atosigándonos así la insignia de siempre y perpetuándose en el poder que solo utilizan para su propio provecho.
Muchos años burlándose de las comunidades de fe, ignorando nuestros reclamos, menospreciando nuestro mensaje, atentando contra nuestros principios, oponiéndose a nuestro culto, aliándose a los enemigos de nuestra causa, asaltando la inocencia de nuestros niños, legalizando la maldad, obstaculizando nuestras libertades, pisoteando las Sagradas Escrituras, mintiendo a mansalva, hurtando al pueblo, avergonzando al país, excluyéndonos de todo, incumpliendo sus compromisos… y ahora, otra vez, solicitan nuestro favor. Es la tragedia que vivimos cada cuatro años. Taca, taca, taca…
Tengamos claro lo siguiente. La culpa no es de la estaca si el sapo salta y se ensarta… Si el sapo salta y se ensarta ¿qué culpa tiene la estaca?

El momento de trascender es ahora.
Atrevernos a mirar con seriedad a las personas y movimientos que nos representan es un deber ineludible que marcará la diferencia en esta tierra que tanto lo necesita. En el país de la República El Salvador trascendieron a los lineamientos de siempre para elegir un gobernante temeroso de Dios y respetuoso de las cosas sagradas. Retaron a las estructuras poderosas de la tierra para darle paso a aquel que coincidía con sus ideales, principios y valores espirituales. Los resultados han cobrado notoriedad mundial pues Dios es fiel a sus promesas.
El pueblo conservador, los cristianos bíblicos y la gente de fe de nuestra isla tenemos la oportunidad única de dar un paso en la dirección correcta para hacer valer que esta es la isla del Cordero.
Nos toca escuchar, analizar, desprendernos de los amarres de siempre y poner nuestra fe en Dios primero. Lo demás es insistir en el fracasado ciclo del engaño que hasta aquí nos ha traído y volver a hacer valer el viejo y sabio proverbio, “La culpa no es de la estaca si el sapo salta y se ensarta. Si el sapo salta y se ensarta, ¿qué culpa tiene la estaca? Taca, taca, taca…”
Nos ayude el Señor.
Oremos siempre