Sacerdote del hogar

UN DESAFÍO PARA EL TIEMPO DE HOY

En tiempos donde impera la hostilidad, gran parte de esta generación vive de espaldas a los mandatos divinos y ha trastocado el concepto la familia en su diseño original. Los hijos son los más vulnerables e influenciados a las tendencias negativas que practica la sociedad. Ante esta crisis social, es imperativo que los hombres de Dios ejerzan con sabiduría el sacerdocio en el hogar. La familia nace en el corazón de Dios y como dice el Salmo 127: 3 “He aquí, herencia de Jehová son los hijos;”.

CADA PADRE ES RESPONSABLE DE MODELAR Y EDUCAR A SUS HIJOS EN EL TEMOR DEL SEÑOR.

El sacerdocio debe ser un estilo de vida. Como padre de familia ha de ser un buen proveedor, brindar un ambiente de seguridad, de tal manera que el hogar se convierta en un refugio. No solo consiste en llevar a la familia al templo, requiere de la dirección y protección divina. Esa dependencia de Dios es la que fortalece y da forma a la familia para mantenerse en el camino correcto.

Es fundamental que el hombre creyente instruya a su familia en la búsqueda y conocimiento de Dios. La vida devocional en familia debe incluir a todos los componentes. Instruir a los hijos en la palabra de Dios desde la niñez perdurará en ellos el temor a Dios para siempre. Como dice Proverbios 22:6 “Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella.”

PRÁCTICA FAMILIAR

Es importante practicar, las oraciones en familia cada mañana; al sentarse a la mesa, dar gracias a Dios por el sustento de cada día y cada noche agradecer por su fidelidad. La lectura y el estudio de la Biblia no deben faltar, debe convertirse en un hábito, esto traerá buenos resultados. En medio del proceso veremos como la familia va adquiriendo esa disciplina, amor y respeto por Dios y su obra.

La tecnología, las redes sociales y el uso desmedido de la misma por parte de la sociedad han contribuido en gran medida a la desintegración familiar. La falta de controles de orden social como la violencia, la criminalidad, las drogas, el alcohol y las noticias negativas producen miedos y desestabilidad emocional.

En medio de tanta adversidad, recordemos el consejo bíblico de Nahúm 1:7 “Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.”

Recordemos que servimos a un Dios que nos comprende no importando la situación que nos encontremos. Él entiende nuestros miedos y a través de su palabra y su Espíritu Santo nos consuela. Aunque el entorno sea negativo, si nuestro hogar está fundamentado en la roca que es Cristo, de seguro seremos un hogar victorioso.

SACERDOTE DEL HOGAR

Hombre de Dios, hagamos el trabajo, asumamos el sacerdocio, sembremos la preciosa semilla en nuestro hogar. No tengamos temor de educar a la familia en el poder de Dios, enfocados en lo bueno, concentrados en la misericordia, la compasión, el amor y sus mandatos. Así haremos que nuestras familias permanezcan firmemente adheridas en su amor, priorizando sus necesidades, buscando de su presencia y siendo ejemplo.

Hagamos que nuestras familias no solo pertenezcan al Señor, si no que desarrollen confianza y descansen en Él. Que sus ojos estén fijos en Jesús, sus oídos atentos para escuchar su palabra, sus rostros reflejen la gloria de Dios y sus manos trabajen para hacer el bien. Que sus lenguas testifiquen, pidan y alaben su nombre y sus pies le sigan.

CADA PADRE DEBE ESFORZARSE EN HACER QUE SU HOGAR SEA MORADA DE DIOS Y UN LUGAR DE ENCUENTRO CON ÉL.

El hombre que se conduce como sacerdote del hogar crea un impacto duradero en el desarrollo espiritual de su familia, dejando así, un fuerte legado. Esto será un regalo de vida precioso tanto a quien se le otorga como a las generaciones venideras. Más allá de un reto, el sacerdocio es un gran desafío en los tiempos que vivimos. Asumamos la responsabilidad que conlleva esta función, dediquemos nuestras familias a Dios y vivamos tranquilos bajo su cobertura y protección.

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