
Mi apreciada Marta…
“¿Cuánto costarán los pavos este año? ¿Cuántos regalos tengo que comprar? ¿Qué ropa me pondré? Debo tener la casa ordenada, limpia y pintada.”
Nos acercamos a fechas festivas y son muchas las expectativas. Las tiendas están llenas de decoraciones vistosas, regalos y anuncios. Parecería que todos esperamos con ansias estas fechas, sin embargo, lo que para muchos puede ser motivo de alegría y entusiasmo, para otros pueden ser momentos de estrés, tristeza o soledad. Más aun, cuando los problemas económicos son la orden del día, cuando existen conflictos familiares, enfermedades o han ocurrido pérdidas significativas.

El estrés se genera como una respuesta natural a situaciones externas, incluyendo las festividades y celebraciones. El estrés puede servir como una fuerza para motivarnos a enfrentar los retos de la vida y ayudarnos a cumplir objetivos trazados. Un alto nivel de este sentimiento puede llevarnos a enfrentar problemas de salud. Las expectativas de lo que debo comprar, cuánto puedo gastar, con quién reunirme, dónde ir, pueden convertirse en estresores. A su vez, pueden afectar o exacerbar condiciones de salud física y mental como lo son la hipertensión, el insomnio o los trastornos de ansiedad y la depresión. (National Institute of Mental Health, 2023).
Si bien las temporadas que se acercan pueden generar estrés, la realidad es que esa no es la intención de Dios para nosotras. Recordemos las palabras de Jesús a Marta, hermana de Lázaro: “Mi apreciada Marta, ¡estás preocupada y tan inquieta con todos los detalles! Hay una sola cosa por la que vale la pena preocuparse. María la ha descubierto, y nadie se la quitará.” (Lucas 10:41-42 NTV).
Las responsabilidades y expectativas que nos imponemos, aun aquellas relacionadas a nuestro servicio a Dios, pueden convertirse también en estresores. Esto no quiere decir que el servicio no es importante para Dios. Marta en su deseo de servir a Jesús, se afanó a tal punto que se distrajo del propósito de la visita y la llevó a sentirse frustrada. De igual forma, cuando nos enfocamos durante las épocas festivas, en satisfacer las expectativas y exigencias sociales, podemos caer en la trampa de olvidarnos del verdadero motivo de las celebraciones.
Procuremos darle la gloria a Dios, por quién es y por lo que ha hecho en nuestras vidas. Analicemos la finalidad y el motivo del día de Acción de Gracias, Navidad, despedida de año, entre otras. No tenemos que seguir la corriente de este mundo y celebrar las festividades como los demás lo hacen.

Reflexionar sobre el verdadero significado de estas fechas nos ayuda a enfocarnos en su propósito primordial y así reducir el estrés que esto nos pudiera generar. Incluso nos hace sentir satisfechos, disfrutar en koinonía con la familia y mejorar nuestra relación con Dios.
Recordemos que la salud mental y emocional es parte del bienestar integral. El cuidado que debemos dar a nuestro cuerpo como habitación del Espíritu Santo, requiere que evaluemos aquellas situaciones que promueven un desgaste emocional.
Traigamos a memoria las palabras de Jesús