Escrito por: René González Bonilla
Esta es una expresión del profeta Jeremías, en un momento donde no se vislumbraba ni un atisbo de esperanza para Jerusalén y toda Judá. Babilonia había invadido todo el mundo conocido dando comienzo así al primer gobierno de índole mundial que se ha registrado en la historia. Aquel emperador había llevado cautivos a todos los hombres y mujeres de edad productiva para hacerlos esclavos y a los niños para educarlos en las leyes y reglas caldeas. Ese cautiverio duraría 70 años según el relato bíblico de Jeremías 25:11-12.

En aquella tierra desolada y llena de corrupción quedaron algunos: los ancianos, los pobres y los incapacitados. El profeta Jeremías que había profetizado aquel cautiverio lo persiguieron y fue víctima de toda clase de vejámenes dignos de un criminal. Incomprensible por demás, Jeremías sólo decía lo que Dios le ordenaba decir, pues señalaba los pecados del país con las consabidas consecuencias.
Jeremías en el capítulo 3 de Lamentaciones expresa un verdadero lamento ante la condición espiritual y moral que él veía. Los primeros 20 versículos son pura queja, pero en el versículo 21 da un giro de 180 grados para cambiar todo el panorama.
Así también ha llegado el Señor a nuestra vida para dar ese giro de salvación. Antes vivíamos sin Dios, sin fe y sin esperanza, pero ahora vivimos la vida con el propósito de servir y agradar al Señor creciendo cada día para Él.
¿Y QUÉ DE LOS DÍAS OSCUROS?
Días donde parece que la noche es eterna y el sol no aparece para brillar. Esos momentos donde lo hemos tratado todo y al final parece que no tenemos opciones. Cuando llega ese momento solo nos resta confiar en Dios. Esos procesos en que la soledad, la tristeza y el dolor nos abaten de tal manera que ya no queda aliento para entonar ni la estrofa de una canción. Es el momento de decirle al alma: Él es todo lo que tengo, Él es mi más grande tesoro.
Esta palabra es para ti y también para mí, la compartieron conmigo y la quiero compartir contigo: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron Sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es Tu fidelidad. Por tanto, digo: «El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!» Lamentaciones 3:22-24
