PENSANDO EN VOZ ALTA PhD

CAFETERÍA EN MADRID

Era una tarde en una cafetería en Madrid, España. Me encontraba sentado al lado de varios compañeros de ministerio almorzando, mientras estábamos esperando que pasaran las horas para abordar el avión que se dirigía a Holanda. Íbamos a participar del gran evento “Amsterdam 2000”, el cual era el congreso mundial de evangelistas que había organizado el evangelista Billy Graham.

De momento, uno de ellos me susurra al oído: “Falú, mira lo que voy a hacer.” Como un niño travieso, este líder conciliar le dijo al grupo lo siguiente: “Oigan muchachos, contéstenme esta pregunta: ¿Por qué Cristo ponía sus manos sobre los enfermos y sanaban, pero no ponía sus manos sobre los endemoniados?”

Era una pregunta sencilla, pero profunda. A mí me pareció tonto, pero eso “revolcó el avispero”. Aquello se convirtió en una mesa redonda, en un aula universitaria singular. Comenzó a fluir la disertación teológica sobre el asunto en cuestión. Para mí fue una experiencia espectacular, única. Silenciosamente, me convertí en una esponja humana, absorbiendo todo aquel conocimiento teológico que borbotaba entre sorbos de café madrileño.

Me di cuenta de que me encontraba en medio de una pléyade de doctores en teología y en ministerio. Lo bonito es que nunca me sentí desplazado, menospreciado, subestimado, etc., etc., etc. Me hablaban como un apreciado hermano en Cristo. No era gente presumida con el título, sino que era gente sencilla, que vestían guayabera, polo, mahones, tenis. Gente con “grandes cabezas” y “grandes corazones”.

MOTIVACIÓN PARA ESTUDIAR

Fueron catorce días de bendición, de capacitación y de motivación. Eso me inspiró a volver a estudiar. Me he dado cuenta de que también tenemos una gran gama de compañeros de ministerio en nuestro concilio que, en un momento dado, fueron motivados a estudiar y terminar algún grado universitario. Tienen “PhD”, “DiMin”, “DiDiv”, “MDiv”, “ThD”, entre otros, con alguna especialidad. Nunca pensaron que tenían la capacidad de hacerlo. Hubo una gran inversión de tiempo, esfuerzo y dinero, y lo lograron con la ayuda de Dios, de su familia y de sus congregaciones.

Pero lo han hecho por varios factores: la oportunidad ofrecida de estudiar sin sacrificar el ministerio o la iglesia; la necesidad de hacerlo ante el reto de la complejidad actual de nuestra sociedad; la obligación de incrementar el nivel de competitividad, no entre la profesión eclesiástica, sino contra otras profesiones que amenazan con sustituir a la pastoral; el reto manifiesto en nuestras congregaciones por las necesidades individuales; por último, la satisfacción personal de haber aceptado el reto y vencido el temor del estancamiento.

Pienso que estos factores no empañan la labor que realizaron nuestros patriarcas de pentecostés. Todo lo contrario. Estos fundamentos han sido verdaderos cimientos para construir un sólido edifi cio de fe.

PRAXIS

Estos compañeros no han dejado de ser lo que son: pentecostales. No han dejado de creer en la efi cacia de la intervención del Espíritu Santo en la vida del ser humano. Todavía madrugan para orar, visitan a los enfermos, hablan lenguas, fomentan el evangelismo y los retiros congregacionales. Todavía comparten, hablan, ríen y almuerzan con aquellos pastores que no tienen grado universitario.

Los comparo con el Pablo que Pedro no pudo ser, y busca emular; pero que igualmente es apreciado por Pablo, porque Pedro es el discípulo que vio a Cristo, que Pablo no pudo ver. Sea Pablo, sea Pedro, los dos son discípulos de Cristo, sin envidiarse entre ellos por los atributos o bondades que pudiesen tener. Ambos predican “a Cristo, a este resucitado”.

Nuestros compañeros, sean doctores, siguen siendo pastores. Ese es su llamado. Son aquellos que no reparten tarjetas que lean “Rdo. Dr. Juan Sin Miedo”, pero, al igual que los demás pastores, reparten bendición a nuestras congregaciones y al cuerpo ministerial cuando exponen sus conocimientos. Son aquellos que no se ponen de pie a decir que son doctores cuando alguien se lo pide, pero sí se ponen de pie a decir que son pastores cuando alguien se lo pide. ¿Sabe usted quiénes son? ¿Habrá un listado de ellos? ¿Los escucha usted fanfarronear? Aunque no descarto que siempre hay alguno que le gusta alardear con el título, proyectando una imagen fantasiosa e irreal, escondiendo una condición de inseguridad y falta de reconocimiento humano, sin pensar que la acreditación oficial viene del Príncipe de los Pastores.

A ESTUDIAR

Exhorto a todo compañero pastor que pueda estudiar, que lo haga. Este es el momento. Es glorioso ver que los miembros de nuestras congregaciones desfilan en la colación de grados, recibiendo sus diplomas de maestría o doctorado en alguna disciplina eclesiástica. Pero es más estimulante ver a nuestros pastores también desfilar, porque pueden incentivar a muchos de nuestros jóvenes que no desean sacrificarse y estudiar como nuestros pastores-doctores lo están haciendo.

Veamos a estos compañeros, no solo como PhD, sino como “Pastores, hijos de Dios”.

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