Tanto padres, como estudiantes se preparan una vez más, para realizar cambios en su vida diaria con el fi n de moverse de ese tiempo de descanso y relajación que representa para muchos el receso de vacaciones.
No hay duda alguna que la temporada de regreso a clases trae consigo una pregunta analítica: ¿estaré preparado?

Usualmente nos damos a la tarea de preparar un listado de necesidades y prioridades que responda a las expectativas y objetivos trazados para el nuevo año escolar.
A un tiempo donde la diligencia y la perseverancia son la clave para el éxito. Ciertamente, si tomamos tiempo para prepararnos y planificar, estaremos trazando el camino hacia todo aquello que nos hemos propuesto alcanzar.
Habiendo identificado todo lo que académicamente entendemos necesario, atemperemos el momento para reforzar “nuestra comunión con Dios”. Las Sagradas Escrituras aconsejan sobre este asunto, Deuteronomio 11:18-21 (RVR1960), dice: “Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y las ataréis como señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.
Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes, y cuando te levantes, y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas; para que sean vuestros días, y los días de vuestros hijos, tan numerosos sobre la tierra que Jehová juró a vuestros padres que les había de dar, como los días de los cielos sobre la tierra”.
De manera, que Dios, nos delega la responsabilidad de enseñar (en el caso de los padres) y estudiar (refiriéndose a los hijos) la palabra de Dios en todo momento.
Según indica el registro sagrado, la obediencia al mandato debe trascender temporadas, retos y dificultades que podamos enfrentar a lo largo de nuestras vidas. De manera, que de la misma forma que separamos tiempo para lo académico, debemos planificar y apartar momentos para la oración, la lectura bíblica y la comunión con Dios.
La preparación con los materiales y estrategias de estudios, nos ayudarán para alcanzar nuestras metas al fin del año escolar. De igual modo, mantener nuestra comunión con Dios, no solo nos ayudará ante lo imprevisto, sino, que nos garantiza su favor, como nos dice: Mateo 28:20 (RVR1960) “enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”
De regreso a clases, ¿Estás preparado?
