Escrito por: Magaly Ortiz Albert / Secretaria FREPA PR
“Me levantaré e iré a mi padre…” – Lucas 15:18ª
(Lucas 15:11-32 RVR 1960 nos relata la parábola del hijo pródigo)
Fue la decisión de este joven para cambiar su actitud, pues reconoció que había pecado contra el cielo y contra su padre. Había incumplido con el mandamiento de honrar a sus padres según la tradición y enseñanza bíblica. (Efesios 6:2-3; Éxodo 20:12).
PEDIR LA HERENCIA

De acuerdo con la cultura oriental, pedir la herencia cuando su padre estaba vivo y aun gozaba de buena salud, era desear su muerte. Realmente era una ofensa, pues no era el momento de recibir dicha herencia. Ante esta petición, el padre debía echarlo de la casa sin ningún beneficio. Sin embargo, en la parábola bíblica, el padre cedió a su petición y le repartió los bienes que le correspondían. La ley judía del primer siglo permitía la división de bienes (si el padre estaba de acuerdo), pero no otorgaba a los hijos el derecho de vender sino hasta después de la muerte de su padre. Este hijo menor se fue lejos a otra provincia donde derrochó todo su dinero viviendo una vida desenfrenada. Esta acción, también era considerada otra deshonra para su padre.
“qetsatsah”
En el tiempo de Jesús, (según el Talmud de Jerusalén) cuando un joven judío perdía la herencia familiar en manos de gentiles, era castigado con una ceremonia llamada “qetsatsah” si no traía consigo todo el dinero de la venta de su herencia. Esta ceremonia consistía en traer una gran vasija de barro, la llenaban con nueces quemadas y maíz cocido; la rompían frente al culpable y gritaban: «esta persona es apartada de su pueblo». Por lo tanto, ya el padre no tendría ninguna relación con el joven descarriado y cualquier acercamiento hacia él estaba completamente prohibido.
GRAN HAMBRUNA
Según la parábola, este joven, al mismo tiempo que se le acabó el dinero hubo una gran hambruna en todo el país, por lo que tuvo que buscar trabajo. Un agricultor lo contrató para que diera de comer a sus cerdos, y él deseaba comer de las algarrobas porque no tenía nada. Para un judío, cuidar cerdos era una humillación; sin embargo, ante tal situación no le quedó otro remedio que trabajar.
La realidad es que este joven había provocado su miseria, pero esta misma adversidad fue el instrumento para que él recobrara la cordura. “Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! v.17

HUELLA DE AMOR
El hambre provocó que la huella de amor de su padre brotara en su corazón. El respeto, la consideración, la justicia, los valores, la conducta moral e intachable de su padre, le hicieron reconocer que estar en “la casa de mi Padre” correspondía al lugar seguro, al lugar de protección, la casa donde había abundancia de pan.Esta huella de amor lo hizo tomar la decisión. “18Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. 19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.” v.18-19
RECONOCIÓ SU PECADO
He pecado… reconoció que había desobedecido, que había deshonrado a su padre, que sería castigado por la “qetsatsah”. En su intento de ganar el dinero suficiente para regresar a su casa, había fracasado; sabía que no era digno de ser llamado hijo y pensó en una alternativa para regresar, pensó que trabajando como un jornalero, aunque le tomaría mucho tiempo podría cubrir su deuda. Solo su padre lo podía salvar. La huella de amor de su padre lo hizo tomar la acción. “20 Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.” v.20
EL PADRE CORRE
Un padre que usa vestiduras largas no corre en público, ese acto se consideraba humillante. Este padre lo vio y lo reconoció a distancia; corre, se levanta el borde de su larga túnica y corre, sí corre a recibir a su hijo a quien ama porque es su hijo y no por lo que ha hecho. Su amor una vez más es manifiesto, se le echa al cuello y lo besa antes de escucharle hablar. Es su amor, su misericordia, su protección lo que lo motiva a correr llevando en sí mismo la vergüenza de su hijo y protegiéndolo antes que llegue al pueblo y lo castiguen. El padre sabe que si logra reconciliarse con su hijo en público, ningún miembro de la comunidad se atreverá a insinuar que se debe proceder con la ceremonia “qetsatsah”. Nadie podrá enjuiciarlo ni castigarlo, porque el amor del Padre cubrió la multitud de pecados.
La huella de amor del Padre la encontramos en la cruz del calvario.