CUANDO EL CIELO TOCA LA TIERRA

Escrito por: Rdo. William Hernández Ortiz / Obispo General IDPMI

“Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios”. Hechos 7:55

Quisiera que nos enfocáramos no en el contexto histórico o la reacción humana que el versículo nos muestra; sino que nos insertemos en la esfera espiritual que el escritor bíblico quiso plasmar. 1Encontramos la ley de causa y efecto. El efecto es la llenura del Espíritu Santo y la causa, un hombre apasionado por hacer la voluntad de Dios, su intensidad en la búsqueda de lo divino. 2Este efecto promovió la manifestación de la divinidad. Se abrió la esfera espiritual mostrando la gloria de Dios y a Jesucristo a su diestra. En otras palabras, es un momento en que el cielo tocó la tierra. Mientras Esteban se sentaba y escuchaba a los falsos testigos, la Biblia dice que cuando el Sanedrín lo miraba podían ver que tenía la cara de un ángel. Qué maravilloso es, que cuando Esteban estaba en su momento de mayor vulnerabilidad, la gloria de Dios se manifestara y se reflejara en su rostro. Ese vislumbre de la gloria celestial del trono de Dios le dio a Esteban la fuerza y el valor para permanecer fi el hasta la muerte. CUANDO EL CIELO TOCA LA TIERRA, los demonios tienen que huir, las enfermedades cesan, las preocupaciones se desvanecen y Dios añade a los que han de ser salvos. La iglesia funciona como el reino de Cristo en la tierra con la autoridad delegada del Rey.

Ahora, si el cielo toca la tierra, entonces veremos milagros, sanidades, liberaciones demoniacas y confesiones de fe. Cuando el cielo tocó a Pablo, su vida fue transformada. Aquella intervención divina impactó su vida, el destello de gloria que vio que cambio su vida y sus experiencias más tarde con el mismo Señor Jesucristo serían un agente catalítico para la transformación de muchos otros. El apóstol escribió en 2 Corintios 3:3 “siendo manifiesto que sois cartas de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedras, sino en tablas de carne del corazón”. Se trata del propósito de Dios para nuestra vida porque sólo somos vasijas de barro en sus manos. Pero cuando conocemos a Dios y Su gloria, entonces nosotros, sus vasijas de barro, somos contenedores de la gloria de Él. Dios vive en nosotros y obra a través de nosotros. Dios nos ha dado un vislumbre de su gloria para darnos la luz a través del conocimiento de su Palabra.

Hoy más que nunca necesitamos que “el cielo toque la tierra”. Debemos reflejar el destello de Su gloria en nosotros. La Iglesia del Señor Jesucristo, la que se formó según Hechos capítulo 2, se caracterizó porque experimentaron la gloria de Dios, no solo con palabras, sino con demostración del poder del Espíritu Santo.

¿Tenemos menos necesidad de vislumbrar la gloria de Dios para este tiempo? No; todos necesitamos experimentar la gloria de Dios para a través de nuestra vida y ministerio podamos motivar a otros a procurar Su presencia. Vivimos en un cuerpo que se desgasta, en un planeta en deterioro, rodeados por una sociedad egocéntrica y anticristiana. Estos problemas se minimizan ante un Dios grande y lleno de gloria.

“Solo buscando la gloria de Dios podemos encontrar paz, gozo y fortaleza, en medio de este viaje tan desafiante. No se trata de nosotros; se trata de Dios”.

RDO. WILLIAM HERNÁNDEZ ORTIZ

La iglesia es el instrumento de Dios para que esa experiencia de gloria se haga una realidad en este tiempo. Fomentemos la búsqueda del Espíritu Santo quien seguirá propiciando EL TOQUE DEL CIELO EN LA TIERRA.

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